Si algún día (por desgracia de la suerte, o por dictado divino, o por la ironía peculiar con la cual se ordena el universo) perdiera yo la cabeza y con ella mis memorias, posiblemente me bastaría con buscarme una caja para reemplazarla.
Debería ser de madera. Cierto, no sería ni tan liviana como una caja de aluminio, como las de galletas; ni tan fina como una de oro, como las de tumbas egipcias; ni tan brillante como una de vidrio cortado, como las de regalo de boda en cristal Swarosvki. Pero como mi mente y manera jamás fueron ni livianas, ni brillantes, ni finas, confieso que no me preocupa mucho este detalle.
De madera, para darle bastante peso para tener substancia, suficiente naturaleza para tener algún tipo de gracia innata, y suficiente suavidad para cambiar con los eventos que la afectan.
Y en esta caja, surtiría yo toda la información de poca consecuencia que me acolchona la cabeza; y pondría luego, meticulosamente, solo lo esencial.
Mis memorias de mi casa vieja, tardes eternas jugando con mi prima, mi hermana cuando aún era mi amiga; memorias de cuando yo quería ser igual que mamá.
Recuerdos de las cosas más dolorosas de mi corta vida: amistades perdidas y moretones profundos, para poder apreciar apropiadamente mis victorias.
Memorias de días tan brillantemente felices, tan completamente deliciosos, que si lo pensaba demasiado, me entraba un temor asfixiante que solo podrían ser un sueño.
Memorias de verme tan asombrada por lo que presenciaba o sentía, que las lágrimas inexorables se me derramaban sin pestañear.
Pondría, también, mis sonidos favoritos; la risa tan contagiosa y tan rara de papi, la guitarra de mi hermano, tocándola por pasar el tiempo, el ruido sordo de la voz honda que me calmó cuando lloraba sola.
Dejaría un espacio para los olores; el ilán-ilán de casa de tía, la dulzura de los lirios que él me regaló en febrero, la peste a diesel y salitre de mar que tanto me complace desde niña.
Por acortar, guardaría en mi cajita mis sensaciones y memorias fundamentales. Las voces que amé, las vistas que me conmovieron, y los cantazos que me permitieron y me permitirán crecer hacia mi mejor Yo.
Pero cuando acabara este ejercicio, me lavara las manos del acerrín, y fuera yo a botar el sobrante de basura que habría sacado de mi cerebro, posiblemente llegaría a la extraña conclusión de que, aunque puse solo lo esencial en la caja, en la caja tuve que colocarlo todo.
















Comments
I did read it in Spanish, actually... but I comment better in English...
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...brownie points for the (cos
...and more brownie points for quoting Bécquer!
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Me alegro de que te hayan dedicado esta daily deviation.
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Juan.
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